El día que toqué fondo descubrimos, mi fatiga y yo,el placer dulce de abandonarse al retiro silencioso, al mutis invisible. Yo ya no era sino la sombra de lo habíais creído que fui, se escapaban las reflexiones indulgentes y ansiosas por encontrarse con las de aquellas mujeres a las que mi envidia idolatraba. Eran poderosas debido a su intelecto, habían aprendido a pensar. El día que me desnudé del excesivo pathos deseé con todas mis palabras aprender a pensar.
La vida pasada tienta con facilidad al sueño de la ignorancia, la vida perenne me arrastra a la ensoñación que provoca monstruos. El cambio es bello, el enfado es bello, la dulce histeria es bella también. No pido ya que me entiendan los que no comprendieron la peculiar fragilidad de lo horrible, la delicada tristeza de lo sublime. A pesar de todo, algunos marcadamente insensibles nos han enseñado a fabular. El día que toqué fondo descubrí restos de versos consagrados en una melodía.
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