Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

jueves, 9 de mayo de 2013

Wert-edero de país el nuestro.

 Nos van a robar la filosofía y a meternos como un embudo la química, la física y las matemáticas. Sin tener nada contra ellas, he de gritar que no son más importantes que la filosofía y que esta es, la base de nuestra humanidad, o de lo poco que queda de ella. A esas cabezas deformadas con PPrejuicios no les interesa que un estudiante de quince años sepa quién fue Marx o Nietzsche y aún menos que conozcan a la osada Simone de Beauvoir o a los postmodernistas franceses. Es más fácil adoctrinar a una mente si piensa en aprender leyes de memoria y constituciones que a día de hoy no nos han llevado a ninguna parte que si se dedica a leer qué teorizaron sobre la educación unas personas llamadas Foucault o Said. 

 Nos vemos en un sistema que apoya por encima de todo las ciencias de la salud porque "hay que salvar el cuerpo del hombre", ¿y quién salva su  alma? ¿Quién defenderá el valor de la mujer en esta sociedad imbécil si a nadie le cuentan quien fue Virginia Woolf? ¿Quién defenderá los derechos civiles de cualquier ciudadano sea cual sea su origen si nos imponen una educación privatizada y una sanidad solo apta para los acomodados? España, vas a conseguir echarme. Y no soy yo lo grave, que al fin y al cabo, no es mi mente una brillante que vayas a perder. Pero echarás conmigo a más gente como ese Goya y ese Machado que murieron en Francia, como ese Salinas y ese León Felipe que fueron más queridos en otras patrias que en la suya propia. Esta  vez no se trata de salvarse, ni siquiera de gritar, se trata de que pensemos. De que cada mujer y cada hombre de este país reflexione si lo que quiere para su hijo es un futuro basado en la producción o uno que ofrezca la libertad de escoger si uno desea ser ingeniero, médico, pintor o bohemio. 

 Tenemos el derecho a decidir si queremos descubrir los misterios del universo o los del hombre. Como la primera opción ya está de sobra defendida hoy me pongo de la parte del hombre, de la parte de los que deseamos un cambio y no un retroceso, de los que vamos a clase y salimos con ideas turbadoras de ellas, de los que hoy estamos llorando.

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