Somos el tiempo que nos falta, ese que nos asfixia al acabar el día (o la noche) el que ha marchado y pelea, Bonald, con el que nos queda. El tiempo que nos falta cuando sentimos la soledad en las carnes y el frío asfixiante fuera. Esos días que abrazamos sin manos ni fuerzas, sólo con la nostalgia desgastada del que teme el porvenir pese a entender que es este más que lo ya llegado. Somos las palabras escuchadas, las críticas recibidas y los labios pesados. Somos las peleas con gritos exuberantes, somos el valor perdido y las mentiras confiadas. Sin embargo, somos también las ilusiones venideras, el amor aún no finalizado, las vidas no entregadas todavía, los dedos que se entrecruzarán, los conocimientos deseados y las sensibilidades insospechadas y las vistas ignoradas y las personalidades ocultas, y el seríamos y el seremos...
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