Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Un hachazo invisible y homicida.

No soy poeta, nunca sabré escribir una elegía, no tengo la capacidad del verso, sin embargo hoy alcanzo la pena necesaria para escribir algo dedicado a ti. Yo no te conozco, y sé que tu no me conociste a mi, quizás te vi algún día correteando y viviendo el verano, nos sonreímos y pensé que eras bonita, pero pequeña no recuerdo tus facciones, solo el pelito rubio soleado que creo te caracterizaba... Nunca he entendido por qué quien quiera que fuese el que eligió la disposición del mundo decidió que los niños podrían morir, y aún menos las niñas disfrazadas cada día de princesitas fuertes de cristal. Para no variar las costumbres humanas, solo me acuerdo de ti ahora que como dice el poeta del pueblo ocuparás y estercolarás la tierra que imaginó no pisaré jamás. Verás no he pensado nunca ni siquiera en la opción de que existiera un cielo, pero en estos momentos me gustaría tener la fe necesaria para saber que serás un querubín sonrosado, una niña eterna... ¿Quién osaría preveer cual era tu futuro? Quizás fueras la próxima nobel de física o probablemente no, igual solo eras tú, viviendo algo que es injusto te haya sido arrebatado de golpe y sin permiso o aviso previo... Moriste, lloramos tu muerte, incluso alguien que nadie pensó que la lamentaría, como yo, ni siquiera sé tu nombre, no pienso que sea necesario. Angelito disfruta de este nuevo sueño inacabado, aquí los caminantes que aún no levantamos el vuelo seguiremos con el egoísmo que nos caracteriza, tu ida no cambiará el mundo, pero quizás si a algunos habitantes de éste, no existe consuelo. Me destroza decirte esto, no obstante no me queda mas por darte, descansa, mi casa realmente lo siente mucho.

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