Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

viernes, 23 de septiembre de 2011

De cada vida que se marcha sin decir adiós.


La maraca de juguete había ido a parar a la caja rosa de la memoria. En el momento en el que tocó el resto de cosas que allí se guardaban la amistad tan querida por ambos pareció marchitarse y llegar a su fin, debido a ese simple gesto, a posar un juguete encontrado en la calle casi un año atrás sobre un montón de objetos inertes guardianes de secretos de una vida aún corta. El amor mueve el mundo, dicen los expertos, los inexpertos, los sabios y los borricos, sin embargo en ocasiones el amor lo destroza absolutamente todo, deja temor donde tiempo atrás había valor u orgullo, y fomenta la desconfianza entre almas jóvenes y limpias. Se le antojaba absurda la pena que sentían sus manos al abandonar el objeto a su suerte para encontrarlo años después, como si ese ente inerte y carente de belleza fuera el único recuerdo de lo que habían sido, como si se pudiera enterrar la tristeza que nos produce la ausencia de un ser querido. Resulta curiosa la relación que se establece entre momentos y objetos, personas y frases, sueños y canciones. Con cuidado volvió a abrir la tapa endeble que parecía irse a romper en cualquier momento y la observó de nuevo: una parte naranja, la otra verde y un ruidito característico y simpático al agitarla con alegría…

No hay comentarios:

Publicar un comentario