Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 27 de abril de 2011

Sueños sin fantasía.

Si pudiéramos decir que las imágenes se deterioran, se quedan vacías de color, mustias, sin lugar a dudas ese sería el camino que esa dañina y perversa imagen debería haber tomado hacía ya algún tiempo, sin embargo seguía entre sus pensamientos, viva, llena de ánimo, con el vicio imperdonable de entrometerse sin ser invitada o llamada entre sus sueños. Resurgía sin remordimientos, una y otra vez, sin parar un rato a oxigenarse, sin sentirse agotada por tal ritmo de repetición, con la fuerza imperturbable con la que lo hizo meses atrás. Aún algunas noches cuando solo ella escuchaba su propio silencio, ese momento real y nunca vivido por el cuerpo que ahora lo recordaba, hacía encogerse a la soledad al oír sin ecos el caer de unas lágrimas excesivamente acostumbradas a los pómulos heridos que recorrían. Abrazos a los que su ser no fue invitado, pasiones que sustituyeron la suya propia, deseos en los que una silueta tan poco estilizada como la que ella vestía no tenía cabida. Pudo perdonar otros escándalos, curar heridas que seguían sin cicatrizar, olvidar momentos que para otros serían imborrables... Queda la vergüenza, la humillación, la maldita realidad a la que nunca había querido agarrarse, pues su alma tímida en la intimidad y dotada de extraversión entre el bullicio entiende, ayudada de las manecillas impasibles del mas viejo y cruel reloj que el engaño nunca fue tal cosa, que todo lo escondido, (tal vez esto sí por suerte) así seguiría. Si hubiese sabido lo inconfesable cuando el abandono era reversible, si hubiera hecho la pregunta adecuada en el instante correcto ... Si fuera mas valiente, mas decidida, menos dependiente de lo insufrible quizás el miedo hubiera huido de esa habitación adolescente, repleta de mediocridad con los días, quizás, solo tal vez, tal vez, Ojalá.

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