Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

jueves, 3 de febrero de 2011

You can’t say I haven’t tried, perhaps I tried to hard.

Escribía García Márquez, que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y así logramos sobrellevar eso a lo que llamamos pasado. Es una verdad a medias, nunca logramos dejar del todo el pasado atrás, de hecho no conozco a nadie que lo haya hecho, que haya logrado desprenderse del pasado de manera que este no repercuta en sus actos presentes. Se habla mucho de las viejas heridas que creímos curar, y solo es una absoluta demostración de la vanidad de los seres humanos, cicatrizan, y la cicatriz no desaparece, se camufla con la piel y espera el momento adecuado para dejar que la sangre brote de nuevo de ella. El tiempo va dejándonos marcas que se acumulan cronológicamente y quedan reservadas para un día por sorpresa, cuando menos te lo esperas escaparse todas de la mano. Es en esos días en los que lloramos y no conseguimos precisar el motivo exacto de nuestro desconsuelo, ¿nos entristece el daño que nos hicieron, el dolor que nosotros mismos le causamos a otros o la impotencia de saber que el presente no mejorará? Las lágrimas colorean nuestras mejillas de los colores que pintaban el ayer, escuchamos canciones antiguas e imaginamos lo que hubo mas allá de las fotos que en esos momentos miramos en un estúpido intento de volver atrás. Y todo se mezcla, quedándonos en nada, y gritamos y abrazamos objetos inanimados y odiamos no poder odiar a aquello que nos hizo mas daño del que podíamos haber imaginado, dolor pasado, dolor que revivimos en el presente, dolor que probablemente sonará en el futuro.
Can’t forgive sorry to say,
You don’t know you’re guilty anyway,
Isn’t it funny how we don’t speak the language of love?

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