-A ese lugar en el mundo en el cual el éxito no dependa de la inteligencia, y las sonrisas no estén medidas ni las lágrimas olvidadas. Allá donde no existan palabras desterradas o moribundas, y el conocimiento no sea una mera herramienta usada en las continuas guerras de la competitividad humana. A un país donde el cuerpo de gobierno esté formado por sentimientos, no se castigue a las pasiones y las personas no repriman el amor. Encuentre por mi el lugar en el que no se venere la perfección perfectamente cuadriculada por encima de las rarezas desgarbadas y risueñas...
-Esto... señorita, no sé por que camino llegar a ese lugar..., yo... creo... bueno estoy perdido.
- Es que no existe.
-¿Me pone a prueba mandándome ir hacia donde no hay nada?
-¿Me quiere, usted? ¿Le caigo simpática? ¿Opina que soy mona?
-Si señorita, pero no acabo de hallar el sentido a estas preguntas...
-Yo lo quiero a usted, y por eso le he escogido entre seis mil millones de almas como ayudante para construir el país de la Felicidad, de mi felicidad.
-No se puede crear un país entero de la nada.
-¡Oh, vamos! Por supuesto que sí. Nada hay mas asombroso que la imaginación de los hombres, ¿no sabe fantasear?
-Ahora señorita, que la quiero tanto que sería capaz de ir al fin del mundo, pese a la certeza de que no localizaría tal lugar ni en un millón de años, ¿desearía emprender conmigo el viaje hacía una eternidad soñando?
-Nada me haría mas feliz, o bueno tal vez hay algo que sí. Deje de remar y siéntese a mi lado, abracemonos y dejemos que el mar de la pasión guíe nuestra pintoresca embarcación.

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