No existe reencuentro mas extrañamente típico y encantador que ese que consiste en el momento en el que una mujer, u hombre, en fin puede darse indistintamente, yo diré una chica, ya que es a ella a la que he observado, baja sonriente de un viejo tren con la verídica esperanza de que cierta alma enamorada, su alma, su mitad, se halle de pie en el andén adecuado a su espera. Sus oídos sonríen, sus ojos besan y sus labios escuchan como la sonrisa de ella se acerca cada vez mas a la suya. Entonces ella corre a unos brazos que aguardan su silueta impacientes. Se produce el instante, rápido, sencillo, fugaz, por unos segundos eterno. Es ese momento el que encierra uno de los secretos a voces mejor guardados del mundo. Hablo, por enésima vez, y la verdad es que me preocupa un poco escribir tan a menudo de un tema tan machacado hasta el aburrimiento por todos, del amor. Nada mas adorable en esta estación en la que familiares, amigos o personas solitarias siguen con sus difusas vidas. Nadie se fija en ellos. Se besan, salen de allí, y se dirigen a cualquiera que sea su destino.
Así, los dos juntos, sinceros, felices.
Recuerdo algo similar, lovely for me.

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