Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Desnuda, en bragas, desprotegida.
¡Claro! Los espejos, ellos siempre tienen la solución o en este caso el problema. Ellos me reflejan el dilema que concierne a mi persona y que no había aceptado hasta hace escasos días. Siempre supe que estaba ahí metido, escondido entre mis defectos y costumbres sucias. No creáis que no he tratado de mejorarlo, que lo he hecho. He fallado, y he fallado estrepitosamente, ¿por qué? Para acabar con un mal hábito debes, (como se suele decir) cortarlo de raíz, por tanto tienes que saber donde empieza y que profundidad alcanza. Ese es mi fallo, traté de cortarlo desde la mitad del tallo ... Es sabido que cuando intentamos solucionar las cosas poniendo remedios que no son los acertados, los asuntos se vuelven en nuestra contra. Sorpresa: aquí está otra vez. Me empuja, me trae de cabeza, de un lugar a otro, sin ton ni son. Cometo equivocaciones y nunca cesan, cada vez mas garrafales, mas atrevidas, mas insospechadas, mas ridículas. Soy testaruda, narcisista, y algunas voces comentan que orgullosa; nunca quise escucharlas por supuesto... Sin embargo creo que no están tan alejadas de la realidad. ¡Como pude pensar que dentro de mi círculo tenía domado este asunto! Me falta posesión, propiedad, conocimientos, formas ... No sé dominar lo único en lo que opinaba no tener ninguna dificultad. Como un niño que aprende a hablar, como un hablante de la lengua nacional en un país que no ha visitado jamás, como un tullido, manco, cojo... como un mudo que haciendo aspavientos con las manos y desencajando sus facciones trata de explicarse...sin éxito.
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