Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
viernes, 15 de octubre de 2010
¡Ay! Si tuvieras razón esta vez...
Tras unos años que se podrían traducir en segundos revoltosos haciendo carreras por su memoria, sus expresiones no parecían salir de la misma combinación de un labio inferior algo mas grueso que el superior. Su anatomía no había cambiado excesivamente. Había desterrado ciertas maneras de vestir por el exceso de extravagancia impropio de su edad. Limpió sus pensamientos de malos augurios, y su conciencia de deseos no demasiado solidarios. Comenzó a tirar cada parte de su manera de actuar que creía, a los demás les resultaría aborrecible. Quitó defectos, borró expresiones, se obligó a odiar ciertas palabras y a aprender otras nuevas que sonaran con mas musicalidad, que estuvieran cargadas de un optimismo que ella nunca poseyó. El desprecio la obligó en su momento a ser completamente opuesta a la que en otros momentos se había sentido orgullosa de ser. Trató de ser esbelta con esfuerzos que por fortuna la mayoría no entendería. Intentó actuar de maneras opuestas según las situaciones. Puso empeño en aprender lecciones importantes para triunfar siguiendo las pautas que los manuales de auto-superación creían adecuadas. Maquilló sus imperfecciones, comenzó a depender de cosméticos desagradables para sentirse correctamente con su físico. Luchó contra su naturaleza, y por una vez creyó haber ganado, ganó. Las lágrimas comenzaron a teñir sus mejillas en aquel instante en el que se dio cuenta de lo que ahora representaba no era mas que una reproducción, una copia, una réplica... Los hechos comenzaron a encajar muy deprisa, entendió porque nunca le llegarían cartas de amor de un enamorado, porque no escuchaba problemas ajenos a menudo, porque no se sentía cómoda en lugares en los que había muchas personas hablando a la vez. Su carácter era ahora una mezcla mal batida de cualidades ajenas y defectos reprimidos. Había cambiado, desgraciadamente lo había hecho. Su ser era esa muñeca que nadie compra por su mala imitación a la autentica barbie... Acurrucada se mete dentro de su escondida caja a esperar algún capricho del destino que la impulse a fabricarse de nuevo.
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