Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Cometas en el cielo.
''Pero lo único que yo escuchaba, lo único que me permitía escuchar, era el ruido sordo de la sangre de mi cabeza. Lo único que veía era la cometa azul. Lo único que olía era la victoria. Salvación. Rendición. Si Baba estaba equivocado y, como decían en la escuela, existía un dios, Él me permitiría ganar. No sabía cuáles eran las intenciones del otro chico, tal vez sólo fuera un fanfarrón. En fin, el caso es que allí estaba mi única oportunidad de convertirme en alguien a quien miraran, no sólo vieran, a quien escucharan, no sólo oyeran. Si había un dios, guiaría los vientos, haría que soplasen para mí de manera que, con un tirón de mi hilo, pudiera liberar mi dolor, mi anhelo. Había soportado demasiado y llegado demasiado lejos. Y de pronto, así, sin más, la esperanza se convirtió en plena conciencia. Iba a ganar. Sólo era cuestión de cuando.''
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario