Anoche supe que empezaba a ser tu ayer, y no te has dado cuenta todavía. Nunca llegué a saber lo que te quería pero como tú tampoco lo sabías nos quisimos hasta que llegó la razón a ahogarnos la fiesta.
Carlos Salem.
No serás tú
el que me diga
cuánto tengo que saberte,
qué máscara vestirme
o cómo llorar.
Tampoco seré yo
la que inspire a tus relojes,
la que respire
tu vaho en las albas.
La que llore, en fin,
a tu sexo.
No seremos nosotros,
no lo somos
más que sobre piedras derretidas
en noches compartidas y
solitarias. Porque no somos,
porque el aborto nos había ahogado
antes de la primera caricia.