Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

jueves, 12 de enero de 2012

Querida hermana princesa del artesano:

Solía dársete bien contarnos cuentos antes de irte a dormir, nos hablabas sobre frutas que tomaban forma de niños, supongo que por eso que todos entendimos y nunca te dijimos: porque ignorabas los de princesas. Es curioso que una princesa como tú se olvide de las historias de otras que son como ella en un mundo fantástico. Era el escenario lo único que cambiaba para ti con respecto a las breves narraciones de damiselas en peligro. Por esa época vivíamos en una casa de una única planta, con un sótano lleno de ratoncitos al que más de una vez nos prohibiste entrar; tu temor a los roedores era sabido por todos en casa; y en el que más de una vez jugamos al escondite más asustados que divertidos. Esa podría ser una de las diferencias que tenías con respecto a las princesas, no habitabas una torre... Aunque eso ahora ya es una similitud María, ahora que soy mayor; o al menos eso intentó creer; puedo pensar que tu pisito en Aluche se parece a una de ésas, al menos por la altura a la que se encuentra. Tú también te asfixias en tu apartamento como una joven heredera en su torre de marfil, y cuando duermes sé que sueñas con un príncipe azul (no comprendo esta moderna manía de intenta cambiarle el color al príncipe). Lo cierto es que nunca entenderé el porqué no hay ninguno aún a tu lado. Pensando en esto recuerdo nuestra infancia, cuando Fermín y yo buscábamos por toda la casa tus diarios para descubrir a quién entregabas tu cariño. Guardabas tanto secretismo que nosotros dos no lográbamos ni llegar a las especulaciones. ¡Ves, otra característica más de cuento de hadas!: Fermín y yo íbamos siempre tras de ti, a veces aún sin que tú lo sospecharas, como los enanitos hacen con Blancanieves. Tú hada madrina siempre fue mamá... María, espero que no se te estén escapando algunas lagrimillas al recordarla, no obstante diciéndote esto puedo parecer un insensible y la verdad es que ella siempre nos recomendaba llorar para expulsar las penas en forma de copos de nieve líquidos; así le gustaba llamar a ella a las lágrimas... Además las princesas siempre sollozan, algunos dicen que lo hacen porque son y serán muy tiquismiquis,  pero, yo...yo he llegado a pensar que lloran por las lágrimas que los demás no logramos derramar...

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