He escuchado algo que realmente merece la pena ser atendido y llevado a la práctica. Los grandes escritores que no dejarán jamás de estar a mi disposición, los genios aprendieron de otros que consideraron infinitamente mas genios que a ellos mismos. El talento, al menos en esta disciplina se gana con pasión por aquello que hacemos. No consiste en teclear palabras sin moral ni ganas y relatar nuestros auténticos sentimientos. ¿Cuántos de los jóvenes leyeron a los maestros? ¿Mas de un uno por ciento sería capaz de sentir la manera de ser de un gran personaje ficticio? Don Quijote solo es un demente simpático, la Celestina una mala malísima, Hamlet aquel que osó pronunciar aquello de: ser o no ser, Ana Karenina...¿quién es esa? Para aventurarse en el arte eterno de las palabras hemos de entender la imponente seducción de la fantasía mas realista. Muchos serán los libros de lectura obligatoria por nuestro propio espíritu con los que llorar y los poemas mas allá del amor que inspirarán nuestra alma y despertarán lo mas escondido de nuestra conciencia. Habremos de conocer decenas de vidas de autores y captar el mensaje de sus obras maestras. Será nuestra rutina reír como chiflados al captar la fina ironía de ciertos sabios, antes de llegar ( si es que algún día logramos conseguirlo) al pequeño pódium de creadores de ilusiones y magos de estructuras no solo bellas sino sinceras y merecedoras de colarse entre los sueños. Es imposible concebir una vida tal y como la conocemos sin números, no obstante mas lo es aún si fantaseamos que la literatura ha desaparecido. La literatura, esa fuente de libertades y ensoñaciones maravillosas que a todos, en mayor o menor medida nos incumbe, (desgraciadamente sin que la mayoría arrogante ceda a admitirlo) en alguno de los cruces que toma nuestro camino. Hace pocos meses, Mario Vargas Llosa, incitaba a cualquier mente imaginativa mediante su conmovedor discurso a no soltar la sensibilidad mezclada con historias bellas jamás. A no diferenciar entre lo real y la imaginación de un fabulador, a soñar con versos, a ceñir nuestra vida entorno a la literatura, definida por expertos como el arte que emplea como medio de expresión una lengua.
Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un
mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la
capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de
nuestros sueños.

No hay comentarios:
Publicar un comentario