Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

jueves, 3 de marzo de 2011

Lo que nos sobra, por suerte, es la imaginación.

Con cuidado de no engancharlas con ninguna de sus recién pintadas y tras muchos intentos largas uñas, subió las   claras medias rosáceas por sus redondeadas piernas, deteniéndose en las rodillas para colocarlas con rectitud y llegando al muslo como si aquella fuera la mas fina tarea jamás otorgada. La Luna sonrosada la observó aquella noche mientras mirándose serena al espejo tapo sus encantos femeninos con un delicado sujetador recuerdo de su primer desastre maravilloso. Cogió, sin disimular el cariño que ello le provocaba, de la silla mas señorial de la estancia, un imponente vestido rosa con matices blancos muy brillantes,  tan largo que la cubría desde su siempre elegante escote hasta tapar los altos zapatos de en sueño que aquel día calzaba. Adornó con un collar recargado con múltiples piedras preciosas diferentes entre todos ellas el níveo cuello que hasta el momento había estado desnudo. Ignoró la posibilidad de añadir pendientes, pues así le parecía suficiente. Estaba preciosa, ella misma se sentía preciosa, perfecta en el efímero momento en el que comenzó a bailar con torpeza el siempre distinguido vals del cascanueces sin mas compañía que su sombra. Su soledad era irrefutable y sin embargo lograba ver alas minúsculas de pequeñas hadas de la noche bailando a su alrededor. A medida que la música transcurría su fantasía aumentaba sin cesar un instante  a preguntarse si aquello era lo correcto y en los últimos treinta segundos en ese maravilloso final perdió la cabeza, experimentó en si misma el oír la primera risa de un niño y dio vueltas sin descanso, de una pared a otra, sin pensar en si despertaría o no mañana, solo guiada por el placer de la imaginación, por la pasión soñada, por el abrazo de la música y el arte al mismo tiempo, en el mismo lugar. Todo allí en su habitación, solo para ella. Su silueta danzaba en un ballet  sin teatro. Tras el apoteósico final salta en la cama terminando tumbada, riendo mientras empieza la aventura de los sueños en una gran cama protegida por finas cortinas de translúcido tul. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario