Cabía la posibilidad de que no se negara nunca a los perdones que aquella persona le ofrecería a menudo. Siempre sincera, detrás de su sombra, bebiendo de sus palabras. Continuamente aprendiendo sus formas, asumiendo cada palabra o sentencia que afirmaba, respirando, como si fueran bocanadas de oxígeno en medio de la tragedia, sus sonrisas. Sin embargo hacía unos días que las disculpas sabían amargas, los besos tras el llanto carentes de pasión, las excusas pobres. La sensación era familiar, la misma de siempre aunque algo mas acentuada. Desgana por primera vez remplazada por la ilusión del futuro que se tambaleaba en su mente. Si la emoción era compartida,diría adiós a esa vida en común tan real entre los sueños. El amor continuaba su tarea, colocando el llanto donde no tenía cabida y las esperanzas donde eran recibidas con golpes, no obstante solía vivir en la hipérbole permanente, y pensándolo serena le parecía que si exageraba la desesperación no haría menos con la felicidad. Era cobarde ante lo mínimo, se enfrentaba a guerreros imbatibles temía a los científicos cargados de pragmatismo, peleaba contra la lógica, se dejaba ganar por el romanticismo. Comía chocolate acompañada de notas inglesas meditando la posibilidad de que tras el amor ciego, tal vez llegara el realismo extremo, de que quizás después de los placeres, solo cabe recoger lentamente los retos que pasaron desapercibidos ante la extensa huella del tiempo.

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