Había deseado crear una obra que reinventase el mito de Pigmalión, ese viejo escultor que se enamoró del mármol. Lo deseo con tanta fuerza y pensó tanto en ello que no logró entender por qué un día la idea desapareció. Desapareció como había desaparecido su amor por un viejo amante y sospechó que quizás como el sentimental Pigmalión se había enamorado de su obra... pero a diferencia de este, ella lo había hecho antes de crearla. Era ilógico haber amado y no haber podido disfrutar ni siquiera el final del cariño, y haber amado una idea, una idea que en algún momento iba a ser materializada y que sin embargo, había quedado arrinconada y marchita como todos los besos que nunca había compartido con el hombre sin rostro que parecía entenderla. La visualización de algo que muere sin haber nacido le parecía insoportable, tan amarga que su alma se negaba a aceptar como real. ¿Sería posible revivir el amor? Escogió algunos restos de imaginación, los colocó ordenados en un papel y comenzó a escribir: "Había deseado crear una obra que reinventase el mito de Pigmalión y como los amores si son verdaderos siempre guardan esa magia que tiene la escultura de la historia al convertirse en mujer, decidí yo no abandonar mi boceto creativo y unir aquí unas frases con otras para intentar construir una escultura de palabras.
Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
jueves, 11 de abril de 2013
sábado, 30 de marzo de 2013
Ignorancia infantil
Dudo si el mejor psiquiatra del mundo hubiera descubierto qué motivo impulsaba los deseos de aquella mujer para pasar los días allí de aquella manera. ¿Cuánto tiempo hace que no me columpio en algún parque? Me asusta responderme a esa pregunta pues supongo que años. He crecido y no me arrepiento, al menos no demasiado; sin embargo, al pasar cada día por ese terreno en el que se levantan construcciones infantiles me visitan dudas sobre si tal vez, la ignorancia más extrema sea la guardiana de la llave de la felicidad. Intuyó que esa mujer me supera bastante en edad y sin embargo, no tengo dudas de que ella no ha crecido, ella continúa columpiándose allí como si los días no se sucedieran para ella, como si no sintiera la prisa asfixiante de la vida llamándola. La mujer no entiende de literatura, supongo que si le enseñara un ejemplar del Ulises me miraría perpleja y lo apartaría con desgana, ¿quién necesita a Joyce para ser feliz? Nosotros, que no entendemos la vida y nos refugiamos en obras que desautomaticen nuestra rutina. Ella no necesita buscar libertad en el arte porque la encuentra allí en ese parque, ajena a la certeza de que el resto del mundo la llama loca y siente lástima por ella. Quién sabe si no sentirá, desde su columpio, ella lástima por nosotros, que nos preocupamos por saber para encontrar un trabajo que nos de dinero, y por tener dicho dinero para obtener bienes de usar y tirar que quedan amontonados y olvidados en poco tiempo. No podría aventurarme a averiguar qué piensa, solo a sentir lo que pienso yo. Cuántos enfermos habrá que sin ser conscientes de su desdicha piensen que los desdichados somos nosotros: los ocupados occidentales que van de un sitio a otro sin saber por qué camino y se asustan al descubrir que no han curado sus deseos infantiles... Cuántos estaremos enfermos aún sin saberlo, cuántas como ella se balancearan en columpios de provincia ajenas a los cuchicheos de almas que se columpian entre absurdas telarañas de convencionalismos...
viernes, 29 de marzo de 2013
Qué bien.
jueves, 14 de marzo de 2013
Filantropía argumentada.
Dicen los semiólogos que hemos creado un sistema formado por textos y reglas combinatorias que se llama Literatura. Parece ser que los textos son extrañantes, que lo único que utilizan los buenos literatos son signos opacos y que si la lectura no nos aporta un nuevo punto de vista no es válida, no es literatura, es otra cosa, quizás mero entretenimiento para aburridos y desdichados. No será tan dañino el hombre si al azar reunió significantes que representaran realidades, los ordenó arbitrariamente hasta crear la Gramática para más adelante dibujarla e inventar la Escritura y después, con ella, se dedicó a escribir guiones de obras continuamente vigentes, terriblemente engañosas y terriblemente cercanas al mundo, que dan a los días luz o sombra según prefiramos y nos acercan a sensaciones que solos quizás nunca hubiésemos descubierto. Gracias, palabras.
jueves, 7 de marzo de 2013
Old and beloved friend:
Los sentimientos, como todo lo relativo a la condición humana, se apagan y agotan con la facilidad con la que las rosas se secan y las sonrisas se desvanecen. No sabía cómo asumir que los viejos amigos ya no eran más que recuerdos y que cuando por la noche soñaba que los encontraba era porque su subconsciente la prevenía por si algún día así era de verdad. Alguna vez te había asegurado que aunque os vierais muchos años después os seguiríais conociendo como lo habíais hecho en la adolescencia. Tú respondiste que aquellas palabras no eran más que una utopía literaria, ella no te creyó, nunca te creía cuando tus palabras contradecían la cara más amable de los universales humanos.
'Viejos amigos que se despiden con silencios' escribía en su diario con la mente desvelada al pensar en esos nombres que ya no se pronunciaban con alegría y admiración sino con parsimonia y a veces algo de recelo proveniente de saber que el cariño se agota y la vida sigue sin prisas, las nubes pasan tranquilas sobre lugares compartidos y las sonrisas vuelven a provocarse pero esta vez en compañía de otros.
'Viejo amigo, ¿a dónde te diriges?' anotó en un sobre sin sello ni contenido. Sabía que era natural que en el devenir del mundo las personas caminaran sobre sus personalidades y las cambiaran continuamente, en parte no podía culpar a quien ya no la quería pues había hecho ella lo mismo. No la reconocerías ahora si mantuvierais una conversación, parece ser más fría de lo que antes era, menos romántica y un poco más valiente o quizás más cobarde, supongo que todo depende del concepto de coraje que tengas. Es consciente de ello, y aunque a menudo trata de comportarse como si los años no hubieran pasado y las obras leídas y las charlas escuchadas, y el dolor causado y el dolor recibido no hubieran traspasado su alma, conoce un poco a las personas y asume que la ingenuidad no va a volver a decorar su camino.
'Viejo amigo, ¿por qué dejamos de querernos?' teclea en una conversación virtual que nunca se entablará. Sabes que es orgullosa y que sin embargo, no tiene miedo a sentirse humillada o rechazada. Mira serena a la calle con la que su ventana había hecho un pacto y averigua que si los volviera a ver y el destino quisiera verla llorar sería por el recuerdo de la felicidad pasada más que por la alegría de reencontrarse contigo, o con él, o con ella. '
'Viejos amigos que ya no me leéis, que ya no me pensáis, que no miráis a un futuro en el que mi ayuda sirva para la más absurda nimiedad' escribo en el papel, ya me conoces, siempre creí en la persistencia de la memoria frente al olvido, viejo amigo.
viernes, 1 de marzo de 2013
Borges.
"Yo que tantos hombres he sido, no he sido nunca
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach"
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach"
sábado, 23 de febrero de 2013
Dulces noches.
Dijiste que uno dejaba de llorar cuando ya ha llorado demasiado, ¿qué pasa si no deseo dejar de hacerlo? Devuélveme mis lágrimas pues era lo único que me quedaba de humanidad después de que las palabras huyeran de mí. Devuélvemelas porque con ellas sentía que aún quedaba en mi alma algo por lo que pelear y sufrir, porque en ellas se iba mi esperanza y en las carcajadas manchadas de penas tras ellas esa misma esperanza volvía. No quiero dejar de llorar, no quiero ser frívola y solo reír ante la eterna incertidumbre de la vida humana. Necesito emocionarme y gritar con rabia, sentir que el mundo es hostil en mis pupilas y no solo en mi consciencia. Yo quiero emociones desbocadas, sonrisas que solo sean visibles en pómulos sonrojados, desvelarme de madrugada y maldecir las noches, tener la inocencia característica del que nunca amó ni fue amado.
martes, 5 de febrero de 2013
And accept it that soon you'll be drenched to the bone.
Con la elegancia con la que las mejores damas huyen, se marchó la esperanza. La vida no era ya para nosotros un lugar en el que los jóvenes perseguían sueños, sino una lucha continúa por ser algo que ni siquiera deseábamos de verdad. Alguien vino y nos robó las palabras y las fuerzas, y ese alguien pudimos ser nosotros mismos, cansados de pelear en balde contra un determinismo que parecía aplastarnos cada día con más fuerza y menos tacto. Estudiábamos aquello que siempre quisimos y sin embargo, qué insulso sabía, qué poco gratificante. Amábamos a lo que nos tocaba amar, a cuerpos y almas que prometían ser eternos durante los meses que pasearan por nuestra vida. Los tiempos estaban cambiando, la música no nos hacía bailar ni cantar sino escribir o tumbarnos y llorar a una almohada tantas veces gastada para el cariño que no guardaba ya nada de especial. La amistad nos parecía una función biológica más, al igual que la familia y la propia realización personal. Otros vinieron a hacernos sombra sin preguntar, a apoderarse del terreno que una vez ocupamos con nuestras ilusiones. El mejor domina a los mediocres gritó la sociedad que nos asfixiaba con su incultura de masas y su corrupción de almas y cuerpos. Paseábamos entre personas putrefactas por el dinero y las ideologías mal argumentadas. No teníamos nada, me pregunto siquiera si nos teníamos el uno al otro, si aún quedaba algo de humanidad cada vez que de madrugada dormíamos juntos refugiándonos del frío abrasador de la ciudad. Los tiempos estaban cambiando, sí. Sin embargo, cuando me abrazabas y susurrabas 'te quiero' parecía que el mundo seguía como en esos años en los que tú y yo corríamos riendo sin preocuparnos de nada por las avenidas que amanecían por primavera. Se me antojaba en esos minutos que quizás, qué locos éramos, los tiempos no estuvieran cambiando para nuestro intercambio de miradas siempre vivo, leal, chispeante, infantil.
lunes, 28 de enero de 2013
"Miseria o la felicidad más grande"
Desde una retrospectiva algo exagerada pudiera llegarse a pensar que no hay vida sin drama, que el mundo tal y como lo conocemos no existiría sin las lágrimas menos deseadas cuando la rutina parece sonreír. La tragedia es condición humana como lo es lo hilarante, el pathos no es un elemento únicamente helenístico o barroco, sino que se encuentra implícito en todas las almas con tensión vital suficiente como para ser humanas. Desconfiaría del que dice que amó algo que no le causo daño alguno, que entregó toda su esperanza a algo o alguien que jamás lo contrarió. Nos atrae lo trágico, los sentimientos inexplicables, los amores imposibles, las lágrimas confundidas por ilusiones fugaces y los cuerpos misteriosos de miradas impenetrables. Nos quejamos del dolor pero tal vez lo necesitemos para sentir la mucha o poca humanidad que nos queda. Sin él no seríamos más que lienzos en blanco, pues el sufrimiento los raya y pinta con fuerza, como líneas de abstracción lírica que ordenan consciencias y construyen personalidades. El dolor enseña a vivir, nos bendice como los obispos a las iglesias; decía Luis Rosales. Por la desesperación supimos de la felicidad, por la alegría supimos del sufrimiento y con esta afirmación la ironía del universo parece incluso hacer daño. ¿Qué sería de mí o de ti si los años hubieran pasado por nosotros como meses de colores?,¿si nadie hubiera contribuido a rompernos el corazón? No seríamos más que esculturas hieráticas con vida, personas satisfechas de esas que tanto pavor me producen, no podríamos entender por qué Anna se arroja a la vía del tren o por qué Larra al pensar el mundo como un espejismo sinsentido decidió abandonarlo. Nos quejamos demasiado del drama, y sin embargo ¿hay algo más personal, más único y que nos haga sentir más reales que el 'adiós' doloroso después de noches risueñas con amores eternos?
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