Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

sábado, 23 de febrero de 2013

Dulces noches.

  Dijiste que uno dejaba de llorar cuando ya ha llorado demasiado, ¿qué pasa si no deseo dejar de hacerlo? Devuélveme mis lágrimas pues era lo único que me quedaba de humanidad después de que las palabras huyeran de mí. Devuélvemelas porque con ellas sentía que aún quedaba en mi alma algo por lo que pelear y sufrir, porque en ellas se iba mi esperanza y en las carcajadas manchadas de penas tras ellas esa misma esperanza volvía. No quiero dejar de llorar, no quiero ser frívola y solo reír ante la eterna incertidumbre de la vida humana. Necesito emocionarme y gritar con rabia, sentir que el mundo es hostil en mis pupilas y no solo en mi consciencia. Yo quiero emociones desbocadas, sonrisas que solo sean visibles en pómulos sonrojados, desvelarme de madrugada y maldecir las noches, tener la inocencia característica del que nunca amó ni fue amado.

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