Los sentimientos, como todo lo relativo a la condición humana, se apagan y agotan con la facilidad con la que las rosas se secan y las sonrisas se desvanecen. No sabía cómo asumir que los viejos amigos ya no eran más que recuerdos y que cuando por la noche soñaba que los encontraba era porque su subconsciente la prevenía por si algún día así era de verdad. Alguna vez te había asegurado que aunque os vierais muchos años después os seguiríais conociendo como lo habíais hecho en la adolescencia. Tú respondiste que aquellas palabras no eran más que una utopía literaria, ella no te creyó, nunca te creía cuando tus palabras contradecían la cara más amable de los universales humanos.
'Viejos amigos que se despiden con silencios' escribía en su diario con la mente desvelada al pensar en esos nombres que ya no se pronunciaban con alegría y admiración sino con parsimonia y a veces algo de recelo proveniente de saber que el cariño se agota y la vida sigue sin prisas, las nubes pasan tranquilas sobre lugares compartidos y las sonrisas vuelven a provocarse pero esta vez en compañía de otros.
'Viejo amigo, ¿a dónde te diriges?' anotó en un sobre sin sello ni contenido. Sabía que era natural que en el devenir del mundo las personas caminaran sobre sus personalidades y las cambiaran continuamente, en parte no podía culpar a quien ya no la quería pues había hecho ella lo mismo. No la reconocerías ahora si mantuvierais una conversación, parece ser más fría de lo que antes era, menos romántica y un poco más valiente o quizás más cobarde, supongo que todo depende del concepto de coraje que tengas. Es consciente de ello, y aunque a menudo trata de comportarse como si los años no hubieran pasado y las obras leídas y las charlas escuchadas, y el dolor causado y el dolor recibido no hubieran traspasado su alma, conoce un poco a las personas y asume que la ingenuidad no va a volver a decorar su camino.
'Viejo amigo, ¿por qué dejamos de querernos?' teclea en una conversación virtual que nunca se entablará. Sabes que es orgullosa y que sin embargo, no tiene miedo a sentirse humillada o rechazada. Mira serena a la calle con la que su ventana había hecho un pacto y averigua que si los volviera a ver y el destino quisiera verla llorar sería por el recuerdo de la felicidad pasada más que por la alegría de reencontrarse contigo, o con él, o con ella. '
'Viejos amigos que ya no me leéis, que ya no me pensáis, que no miráis a un futuro en el que mi ayuda sirva para la más absurda nimiedad' escribo en el papel, ya me conoces, siempre creí en la persistencia de la memoria frente al olvido, viejo amigo.


