Se estaba desdoblando aquella personalidad en las vuestras que no eran más que antítesis de sus evidentes y ocultas psiques. Cada extremo tan en lucha con el otro y la personalidad tan en guardia de cualquiera de ambos. Vosotros nunca comprendisteis que cada caricia era a veces un número y a veces una palabra. Cada suela de sus zapatos tomaba una dirección, y vosotros, sin entender nada, queríais imantarla hacia el norte o el este, cuando la idea de esa cabeza rizosa fue siempre el sur.
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