Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

sábado, 2 de agosto de 2014

Habitación: el insomnio.

 De cómo echar de menos el tacto de mi vida, las líneas de una guitarra que a menudo me sonaba a rutina y a vida olvidada, según la hora del día del estío o la primavera. Pero a pesar de mi perpetua lucha. siempre fui de inviernos, siempre me gustó escribir. Nunca había echado de menos a la nada, y sin embargo, ahora el bajo de tus sábanas fluye entre algunos malos sueños placenteros. No me quejo, del vacío te saqué yo, al igual que tú me habías sacado de la vida para plantarme entre filmes y anglicismos cuya comprensión no tocaba mi interés. Se puede rozar tu risa cuando otros gimen, y se puede soñar que nuestra vida no es una toma falsa que nadie espera a ver. De cómo encerrarse en un personaje de novela y creerse algo para un versista, pura licencia poética, ya lo he escrito. Lo nuestro fue desde el principio eso, licencia poética.

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