Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Eres jóven, llamas la atención.


Duele ver la chispa de las personas que no conoces. Molesta porque sabes que son geniales y que a día de hoy no compartes con ellas nada de nada. No se puede ir por la vida diciendo: ''hola, he visto tus entradas del blog, tus perfiles en redes sociales y me pareces una persona muy especial, ¿amigas?'' El mundo está repleto de almas creativas que con un dibujo trazado con un lápiz HB te hacen enmudecer, de filósofos que no pasan de los veinte que nadie valora. Hay decenas de sonrisas que inspiran a la mente calma sosegada y sentimientos indescifrables. Hace unos años, vi una película de dibujos. Aunque parezca mentira las películas de dibujos me enseñan bastante, será porque soy tan infantil como los chiquillos a los que van dirigidas, o porque entiendo mejor lo que me dice un súper héroe a lo que me dice una persona común como yo. La cuestión es que el niño se quejaba porque no había nada que lo hiciera especial, su mamá (¡ay las mamás y su impotencia al ver triste a sus críos!) le explica con esa voz dulce y comprensiva que tienen todas las mamás de películas disney que todas las personas son especiales... El chiquillo no es tonto y enfadado le replica: ''decir que todos somos únicos es una manera de decir que nadie lo es''. La adorable mamá no sabe que contestar ... Yo, perpleja y considerablemente afligida en ese momento reí. ¡Menudos malos ratos provocan los pequeños con la llamada ingenuidad infantil! ¿Cómo le contestas a eso? Aún sigo pensándolo, aún sigo tratando de buscar en que narices me diferencio yo, adolescente de uno sesenta, artista en mi habitación, escritora de locuras, guardiana de secretos eternos, del resto de cuerpos que pasean por aquí, por esto a lo que llaman vida.

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