Enfrentarse a una página en blanco se parece más que a ese orgasmo del que hablaba Gónzalez al pánico de la primera relación. No encajan las palabras y esos pensamientos que parecen tan estructurados en mi ideología se tambalean ante la idea de exteriorizarse. Sé de lo que quiero hablar, sé qué quiero transmitir pero no sé el cómo. Sin embargo, sí que tengo claro que esta vez quiero hablar de mí, de nosotras, de las subordinadas a criterios sobre los que nunca nos han pedido opinión, nosotras las mujeres occidentales que hemos tenido la suerte de nacer sin aparentes cadenas sexuales y la desgracia de estar atadas con grilletes ideológicos camuflados, que ni siquiera muchas de nosotras logramos aceptar o reconocer como tal.
Quiero escribir sobre nosotras a las que nos enseñan la magia de todos los grandes escritores y la histeria de aquella mujer que escribía para matar a la monotonía. Nosotras a las que nos venden el éxito como una familia y un beso de buenos días a un marido encantador -o no tanto-. Nosotras que por herencia cultural ponemos la preocupación de otros por delante. Nosotras a las que nos han enseñado que el feminismo es algo radical y arcaico mientras vemos en la televisión cómo un obispo opina sobre nuestra sexualidad y varias feligresas aplauden su palabra. Nosotras que vemos como se estigmatiza a lesbianas con aspecto "masculinizado" y como se exalta a otras adecuadas a los cánones estéticos. Nosotras que ni siquiera tenemos la potestad para decidir sobre nuestra maternidad pero sí la obligación de escuchar como se satiriza en relación a temas como el abuso sexual. Somos las que para llegar alto han de demostrar que son más que una estética, las mujeres de jefes de estado cuya misión es lucir perfecta, sonriente y empática, pero también las presidentas alemanas tomadas en cuenta alejadas del feminismo con aspecto y actitud viril. Nosotras que también tenemos sed de poder, capacidades y moral propia.
Quiero hablar de mí, la que durante muchos llantos pensó que no había felicidad si no era en otro. Yo que he criticado a otras como yo por las mayores banalidades. Yo, la persona que una vez creyó aquello de que las feministas eran unas "feminazis", y también yo, a la que otras le fueron descubriendo realidades que no se veían ya tan claras. Yo, la que tengo que soportar comentarios denigrantes y machistas si tengo amigos, la que oye chistes estereotipados y se pregunta por qué siguen existiendo aún. Yo, que tendré que tapar mi cara si quiero ir a ciertos países y mi celulitis si quiero ir a ciertas fiestas. Yo que me maquillo con la inseguridad por bandera, que aunque luche contra ello busco una aprobación. Yo que como vosotras, como nosotras, solo quiero expandir lo que algún día antes de que me dijeran cómo funcionaba el mundo, era.
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