¿A quién las últimas esperanzas que se esconden?
¿A quién los primeros balbuceos de la mañana?
¿A quién las carcajadas desligadas de todo?
¿A quién los gritos inconexos del viento?
¿A quién mirar cuando el verano huya?
¿A quién los cariños de madrugada?
¿A quién los dulces y los salados?
¿A quién la rutina?
¿A quién yo?
Pero este otoño se ha alargado demasiado
el segundo lírico del último brío
acaba contigo pisando
el estómago de las
mariposas.