Descubrí que nada peor que bucear en el limbo, buscar autenticidad en un mundo de ficciones del que se es títere. Solo hay que salir ahí fuera y recordar lo que dijo un adolescente precoz "no conoce la más mínima violencia del mundo y con ello ya sufre, con que no debes hacerla sufrir". En nuestros delirios la fealdad era estética y la clase obrera una utopía con la que luchar, fuera hay arrogancia y desconocimiento de la propia identidad, fuera juzgan mi fealdad. Soñaba con un modelo de belleza que no fuera si no el mejor orador de arte, pero ellos no comprenden qué es la pintura. La esperanza cae, descubrirme clasista, como vosotros pero con menos ego y más miedos. Habrá que aceptar que cuando se fue el azul, el destino ironizó con mis futuros, con lo que quise y no pude ser, con lo que hubo y ya no hay más. Prepárame para la soledad, señor, ya ni siquiera tengo veinte años.
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