Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

sábado, 23 de febrero de 2013

Dulces noches.

  Dijiste que uno dejaba de llorar cuando ya ha llorado demasiado, ¿qué pasa si no deseo dejar de hacerlo? Devuélveme mis lágrimas pues era lo único que me quedaba de humanidad después de que las palabras huyeran de mí. Devuélvemelas porque con ellas sentía que aún quedaba en mi alma algo por lo que pelear y sufrir, porque en ellas se iba mi esperanza y en las carcajadas manchadas de penas tras ellas esa misma esperanza volvía. No quiero dejar de llorar, no quiero ser frívola y solo reír ante la eterna incertidumbre de la vida humana. Necesito emocionarme y gritar con rabia, sentir que el mundo es hostil en mis pupilas y no solo en mi consciencia. Yo quiero emociones desbocadas, sonrisas que solo sean visibles en pómulos sonrojados, desvelarme de madrugada y maldecir las noches, tener la inocencia característica del que nunca amó ni fue amado.
Love, where does it come from?

martes, 5 de febrero de 2013

And accept it that soon you'll be drenched to the bone.

  Con la elegancia con la que las mejores damas huyen, se marchó la esperanza. La vida no era ya para nosotros un lugar en el que los jóvenes perseguían sueños, sino una lucha continúa por ser algo que ni siquiera deseábamos de verdad. Alguien vino y nos robó las palabras y las fuerzas, y ese alguien pudimos ser nosotros mismos, cansados de pelear en balde contra un determinismo que parecía aplastarnos cada día con más fuerza y menos tacto. Estudiábamos aquello que siempre quisimos y sin embargo, qué insulso sabía, qué poco gratificante. Amábamos a lo que nos tocaba amar, a cuerpos y almas que prometían ser eternos durante los meses que pasearan por nuestra vida. Los tiempos estaban cambiando, la música no nos hacía bailar ni cantar sino escribir o tumbarnos y llorar a una almohada tantas veces gastada para el cariño que no guardaba ya nada de especial. La amistad nos parecía una función biológica más, al igual que la familia y la propia realización personal. Otros vinieron a hacernos sombra sin preguntar, a apoderarse del terreno que una vez ocupamos con nuestras ilusiones. El mejor domina a los mediocres gritó la sociedad que nos asfixiaba con su incultura de masas y su corrupción de almas y cuerpos. Paseábamos entre personas putrefactas por el dinero y las ideologías mal argumentadas. No teníamos nada, me pregunto siquiera si nos teníamos el uno al otro, si aún quedaba algo de humanidad cada vez que de madrugada dormíamos juntos refugiándonos del frío abrasador de la ciudad. Los tiempos estaban cambiando, sí. Sin embargo, cuando me abrazabas y susurrabas 'te quiero' parecía que el mundo seguía como en esos años en los que tú y yo corríamos riendo sin preocuparnos de nada por las avenidas que amanecían por primavera. Se me antojaba en esos minutos que quizás, qué locos éramos, los tiempos no estuvieran cambiando para nuestro intercambio de miradas siempre vivo, leal, chispeante, infantil.