Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

sábado, 23 de junio de 2012

A pasado tanto tiempo desde que no te escribo que creo que he olvidado como hacerlo. Yo solia narrarte historias de amor imposible, de odios y pasiones, de otros con nuestro carácter e historia pero con los nombres cambiados. He vuelto a poner esas canciones que solían hacerte aparecer incorpóreo en cualquier lugar en el que me encontrase, sin embargo,ya no me hacen llorar, no son más que notas que se mezclan con letras hermosas. Fue el amor el causante de mi inspiración irracional durante la noche. No sé escribirte porque no te quiero, y lo malo es, que no sé si eso es lo mejor.

martes, 19 de junio de 2012

Tú.

He perdido toda mi valentía, si es que alguna vez, como me dijeron, la tuve. Tengo mucho miedo. No solo a él, que al fin y al cabo ¿quién no lo tendría? Tengo miedo a fallar en la decisión de irme, a defraudarte aún más, a no saber cómo decirte que te quiero sin que pienses que necesito un beso. Quiero abrazarte muy fuerte, como lo hago siempre, llorar en tu hombro, decirte ''niño bueno, voy a echarte más de menos que a nadie''. Pero ya no eres mi pichiruchi, ni quiero ser tu niña mala, porque las niñas malas no saben querer, y yo deseo hacerlo. Te mereces a una pequeña princesita, que no se maquille para ocultar las heridas del orgullo, que no escriba para ocultar los pensamientos inadmisibles de su odio. Te mereces que te llamen ''amor'' y no ''cariño'', que te digan ''te amo'' y no ''te quiero mucho, como a tantos otros''. Me gustaría que te hicieran llorar haciendo el amor, y soy consciente de que yo nunca conseguiré tal proeza, debido a que yo tampoco lloraría. Necesitas a una mujercita calmada, que no hable más de la cuenta, que sonría con timidez, que no llore cuando el mundo le devuelve las malas pasadas que ella le ha jugado a los demás. Si ahora me refugio en otras palabras es quizás porque no damos más de sí. No soy capaz de escribir. Ni de escribirte, estoy frustrada. Se me ha ido la mínima gracia que tuve. Me desespero. Cierro el blog.

domingo, 17 de junio de 2012

Coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

Eran cuatro, estaban sentados en un banco de madera de una estación de autobuses que podría ser de cualquier parte de la geografía española. Instintivamente su panorámica me recordó a un caravaggio tenebrista, pensé en los modelos de la calle y en nos enorme claroscuros que caracterizan al autor. Me parecía un óleo con volumen real y medidas gigantescas. A la izquierda había una minúscula vieja vestida de negro y con la mirada perdida y descolocada, sonreía mostrando una boca con huecos de dientes desaparecidos. A penas se movía, llevaba el pelo enmarañado, a trazos gris y a trazos blanco. Me encontraba frente a ella. En aquel momento cualquiera hubiera dicho que lo único que nos unía era la gran antítesis que nos separaba. Yo leía a Lao Tse, y ella portaba un rosario. Yo, vestida con un buen abrigo y zapatos a juego, iba cargada con una bolsa repleta de libros de pintura y filosofía recién comprados. Ella llevaba también una bolsa, abultada por su contenido, verde y a punto de rasgarse; intenté averiguar que contenía, pero no logré hallar ni quiera una pista, quizás fuera ropa, quizás algo de comida. Para ella habían pasado los años como huracanes que lo arrasan todo, le habían robado la tersura de la piel, la amabilidad de la sonrisa y la jovialidad del cuerpo. Conmigo el tiempo aun no se había portado mal, y si tenía alguna tara o cicatriz estaba sin duda el en alma, guardada para que a simple vista mi imagen fuera de jovencita agradable. ¡No dudo que ella también tuviera heridas en el alma! A juzgar por su aspecto habían traspasado la coraza de lo físico y habían dejado su huella en el rostro, las piernas y los brazos. Debería haberme sentido fuerte y orgullosa, pues salía ganando en cada minúsculo aspecto que comparaba. Sin embargo, la imagen de la mujer me aterró, ¿cuántos años nos separarían?, ¿cincuenta?, ¿sesenta quizás?. ¿Qué barbarie cometería el tiempo contra mí? Recordé el poema de Ronsard ''cuando seas muy vieja, a la luz de una vela// y al amor de la lumbre, devanando e hilando// cantarás estos versos y dirás deslumbrada:// me los hizo Ronsard cuando era más bella''. Imaginé que los amores me traicionarían con el tiempo, pues la pasión y el cariño son para los jóvenes, para los cuerpos fuertes dispuestos a disfrutar. Pobre señora, deseé derramar las lágrimas que quizás ella no derramase por vergüenza o tal vez por ignorancia. ¿Habría aprendido alguna vez a leer? Era la hora de irse, le sonreí a mi madre que había pasado el tiempo esquivando la mirada de aquella pobre mujer. Qué afortunada era yo, que acababa de visitar la universidad en la que me enseñarían aquello que realmente me interesaba, que tenía amor escondido por dar y por recibir, que aun guardaba la chispa de la juventud entre las pestañas y las ganas de comerme el mundo en un lugar muy pequeñito de mi esperanza.

sábado, 2 de junio de 2012

Nos pertenecemos unos a otros.

Siempre creí en ti, supongo que lo seguiré haciendo aunque ahora, paradojas de la vida, desesperada. Todas las personas se merecen que alguien crea en ellas. Se habla mucho de la auto-realización y la autoestima, pero por mucho que se guste uno a sí mismo y que confíe en sus posibilidades siempre necesita unos brazos firmes en la que apoyarse cuando los fracasos ahogan la propia existencia y un rostro de orgullo ante triunfos inesperados y merecidos. Los éxitos no saben bien en soledad. 
 Cuando al escritor José Saramago le comunicaron la concesión del Premio Nobel se encontraba solo en un pasillo frío de aeropuerto. ''¿Cómo se sintió al conocer la noticia del Nobel señor Saramago?'' ''Me sentí mal, estaba solo y no podía compartirlo con nadie.'' Supongo que hubiera deseado que Pilar estuviera allí con él mejor que aquellos periodistas que le esperaban a la salida del avión con fingido entusiasmo.
 Creo en ti, en las personas en general. Son ellas las que han creado todo lo que conozco y conoceré, son las que provocan los desastres de mis guerras internas y las que me ayudan a aprender de ellas. Soy un poco de cada ser humano que ha pasado por mi vida. Robé coletazos de ideas de genio, memoricé sonrisas que me hacían feliz, capturé expresiones interesantes y copie gestos que jamás llegué a entender del todo. Me gusta pensar que ellas también cogieron algo de mí, no podría soportar la idea contraria. Me gusta que aunque no sean los más, aun quede alguien que crea en Carmen, porque yo continuo creyendo en una gran variedad de personalidades y nombres que prescindo escribir, pues no me gustan las públicas dedicatorias. Nos hacemos unos a otros, y ¿la originalidad o la unicidad? María dice que eso no es más que llevar a la máxima perfección todos los modelos que nos han sucedido. Yo no podría estar más de acuerdo con la profesora de arte.