Hay días en los que no nos empapamos de rabia y gotas frías, y sin embargo, tampoco luce la vida disfrazada de sol. Pasas, como siempre, indescriptible, y el laberinto corta el hilo de Ariadna que guiaba la única salida. Han pasado los días como nubarrones grises y la memoria los aniquila conforme se suceden, dejando tu sonrisa como un signo en medio de de una nada evidentemente atemporal. El resto se olvida como olvidamos las angustias antiguas y las pulsaciones censuradas. Pero no desesperemos, florecerán farolas por las esquinas para dejar constancia de la posible existencia que pudimos tener.